Primero, saber qué pasa
No hace falta una hoja de cálculo preciosa. Hace falta saber cuánto entra, cuánto sale y qué gastos se repiten sin que los mires.
Cuando ves eso, algunas decisiones aparecen solas.
Después, deuda y colchón
Si tienes deuda cara, quizá tu mejor inversión sea quitarte esa losa.
Y si no tienes colchón, cualquier caída del mercado puede convertirse en una urgencia personal.